El blanqueamiento dental

Según estadísticas recientes, una de cada tres personas está siguiendo o planeando seguir un tratamiento de blanqueamiento dental. Este procedimiento, ahora tan popular, tiene su origen en civilizaciones mucho más antiguas que la nuestra. Los antiguos egipcios ya usaban una mezcla de piedra pómez y vinagre para blanquear los dientes.

Fue a finales del siglo XX cuando se desarrolla el tratamiento de blanqueamiento más eficaz hasta entonces y que sirvió de base para los actuales. En 1989, los doctores Van B. Haywood y H. Heymann usaron geles de peróxido de carbamida para blanquear los dientes sin dañarlos. Actualmente, se usan dos técnicas de blanqueamiento principales: el blanqueamiento por fotoactivación en la consulta del dentista y el tratamiento en casa usando férulas especiales. Normalmente ser combinan ambas para una acción más duradera y estable.

Blanqueamiento por fotoactivación

Con este método se aplica un gel blanqueante en los dientes, normalmente peróxido de hidrógeno, que se activa luego por medio de una luz. Esta luz puede ser láser o LED, con la diferencia de que la luz del láser es más potente y no filtra las emisiones infrarrojas. Esto genera resultados más rápidamente aunque no muy duraderos. Además, puede causar un calor excesivo en los dientes y llegar a dañar los nervios.

Por esta razón, cada vez más se impone el uso de luz fría LED que, aunque es menos potente, resulta más segura e inocua. Además, al no estar tan concentrada como la luz láser, la luz LED permite el tratamiento de una zona más amplia. Esto permite el blanqueamiento de varios dientes a la vez.

Sin embargo, antes de someterse a cualquiera de estos tratamientos, es recomendable la consulta con un especialista. Hay casos de personas con problemas de sensibilidad dental que pueden sentir molestias tras las sesiones de blanqueamiento.

El blanqueamiento en casa

Este método, a menudo combinado con el anterior, consiste en el uso de férulas especiales de blanqueamiento. Se realizan unos moldes de los dientes y se añade un agente blanqueador que actuará durante 4 o 5 horas al día. Este tratamiento se realiza durante 15 días para conseguir resultados observables.

Consideraciones posteriores al tratamiento

Tras pasar por un tratamiento de blanqueamiento, debemos prestar atención a las siguientes 72 horas. Es recomendable evitar una dieta con alimentos que manchen los dientes, como café, té, vino tinto, fresa o frambuesa. El tabaco es un enemigo del blanco de nuestros dientes, así que es recomendable no fumar durante ese período.

Por último, es importante realizar un blanqueamiento cuando no se sufra de caries o sensibilidad dental, ya que podría ser contraproducente. También hay que tener en cuenta que no todas las manchas son tratables con este método. Así que debe ser el odontólogo el que decida cuándo debe usarse.

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